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Bonaire es una de las islas de las Antillas Neerlandesas, en pleno Caribe, y es un paraíso para el buceo desde la misma orilla. Podrás hacer snorkel o inmersiones en arrecifes llenos de vida con apenas unos pasos desde la playa.
No te pierdas el Parque Nacional Washington Slagbaai, ideal para recorrer la isla en todoterreno y descubrir playas salvajes y paisajes muy distintos entre sí. Y si te gustan los animales, acércate a las salinas del norte para ver flamencos rosas en libertad.
Para terminar, Kralendijk, la capital, tiene un paseo marítimo muy agradable para cenar con vistas al mar al atardecer. Un viaje perfecto para desconectar en pocos días.
Bonaire con niños: playas poco profundas, burros y flamencos
Una isla llana, seca y sorprendentemente fácil con críos
Bonaire no es el Caribe de resort con toboganes. Es una isla árida, de cactus, iguanas y carreteras casi vacías, y justo por eso funciona con niños: las distancias son cortas, nadie tiene prisa y los animales aparecen solos. Se paga en dólares y se circula sin agobios. Lo que sí conviene es planificar la sombra, porque hay poca.
Seis paradas que a los pequeños les enganchan
Lac Bay
Es una bahía cerrada por un arrecife, así que casi no hay oleaje y el agua es tan baja que los críos pueden caminar mucho rato. Es mi sitio favorito de la isla para familias. Desde aquí también se hacen excursiones en kayak por los manglares, que a partir de cierta edad les parecen una aventura de verdad.
El santuario de burros
Los burros llevan siglos sueltos por la isla y en el santuario recogen a los huérfanos y a los atropellados. Se les puede dar de comer y acariciar. Los niños se pasan allí más tiempo del que uno calcula, así que no lo metas con prisas entre dos plantes.
Las salinas del sur
Montañas de sal blanca junto a estanques rosados: el color sorprende a cualquiera, sea cual sea su edad. Cerca están los obeliscos de colores y las pequeñas casetas de piedra donde dormían los esclavos que trabajaban la sal. Es un buen momento para contarles, con pocas palabras, que la isla tuvo una historia dura. Con suerte verás flamencos en la zona, aunque no hay garantía.
Klein Bonaire en barco
La isla deshabitada frente a Kralendijk se cruza en un trayecto corto. Tiene playa de arena clara y un fondo con peces a un paso de la orilla, ideal para el primer esnórquel con gafas y tubo. Lleva agua y algo de comer, porque allí no hay nada.
Te Amo Beach
Una playa a las afueras de Kralendijk con aire de playa de barrio, muy usada por los vecinos. Tiene sombra y es cómoda para pasar la tarde sin plan.
Washington Slagbaai, con cabeza
El parque nacional del norte es un paseo en coche entre cactus enormes, cabras, iguanas y lagunas con flamencos. Los caminos son de tierra y hace calor, así que con niños pequeños yo haría solo un tramo. Para ellos, contar animales desde la ventanilla ya es excursión suficiente.
Qué hacer cuando ya han tenido bastante playa
- Pasear por el paseo marítimo de Kralendijk al atardecer, cuando baja el calor y la gente sale a la calle.
- Aprender a hacer esnórquel en aguas calmadas, con chaleco si son pequeños. Hay escuelas que dan cursos a menores.
- Hacer una ruta en coche parando en las piedras amarillas de la costa, que marcan los puntos de buceo. Solo hay que mirar el nombre pintado y asomarse al agua.
- Buscar iguanas. Las hay por todas partes y los niños suelen llevar la cuenta como si fuera un juego.
Dónde comer y qué pedir
La cocina local es sencilla y a los niños les entra bien. Los pastechi, empanadillas fritas de queso, carne o pescado, resuelven más de un almuerzo. El keshi yena, queso relleno y gratinado, suele gustar, y el pescado a la plancha con arroz y plátano frito es difícil de fallar. Si te animas, prueba el cabrito estofado en un sitio local. Los restaurantes del paseo marítimo de Kralendijk están acostumbrados a familias y tienen menú infantil, aunque los más sabrosos suelen estar un par de calles más adentro.
En qué zona dormir según el presupuesto
Con niños, lo cómodo es dormir en Kralendijk o sus alrededores: tienes supermercado, restaurantes y playa a mano. Si vas ajustado, los apartamentos con cocina en la zona de la capital compensan, porque desayunar y cenar en casa recorta mucho el gasto. Con más presupuesto, hay complejos en la costa junto a la capital con piscina y snorkel desde la orilla. Rincón, en el interior del norte, es más barato y más auténtico, pero te deja lejos del mar y obliga a conducir más.
Del aeropuerto al alojamiento
El aeropuerto está muy cerca de Kralendijk, a un trayecto corto en coche. No cuentes con un transporte público regular: lo habitual es coger un taxi, que tiene tarifas fijas por zonas, o recoger un coche de alquiler. Con niños, yo alquilaría coche desde el primer día. Sin él, moverse entre Lac Bay, las salinas y el norte se complica.
Lo que nadie te cuenta hasta que ya estás allí
Lleva escarpines o sandalias de agua para todos. En muchas orillas el fondo es de coral muerto y hay erizos, y un pie cortado puede fastidiar un día entero. Y cuando recojas el coche, comprueba que tenga aire acondicionado y que puedas dejar algo de agua fría dentro: en una isla sin sombra, volver a un coche a pleno sol con un niño pequeño es de las pocas cosas que pueden estropear el plan.
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