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Gratis: un bolso de 40×30×20 cm bajo el asiento. La maleta de cabina (55×40×20 cm) cuesta 6-20 € (Priority). Revisa tu tarifa antes de pagar. Comparar aerolíneas · fuente: Ulysse News, 11 feb 2026
Este chollo nos lleva a Praga desde Madrid por 85 € ida y vuelta con Ryanair, sin escalas. Es un precio muy por debajo de lo que suele costar este viaje, en concreto un 43 % menos que su tarifa habitual de unos 150 €.
Las fechas que hemos encontrado son la ida el 17 de enero de 2027 y la vuelta el 24 de enero de 2027, así que tendrías una semana completa para descubrir la capital checa. Enero es una época tranquila en Praga, ideal si buscas pasear sin multitudes.
Como los precios de las aerolíneas cambian constantemente, te recomendamos no dejarlo para más tarde. El precio puede variar, y lo mejor es comprobarlo directamente al pulsar el botón de abajo, donde verás la oferta actualizada.
Una vez allí, merece la pena perderse por la Ciudad Vieja y su reloj astronómico, cruzar el Puente de Carlos al amanecer y subir hasta el Castillo de Praga para disfrutar de las mejores vistas de la ciudad. Si te apetece salir de la capital, Kutná Hora, con su impresionante catedral de Santa Bárbara, es una excursión de un día muy recomendable.
Qué ver en Praga en 48 horas: ruta a pie, tranvía y cerveza
Dos días, buen calzado y un orden que funciona
Praga se recorre bien a pie, pero los adoquines castigan más de lo que parece. Con 48 horas lo que da resultado es agrupar por zonas y dejar lo más concurrido para las horas en que la gente aún desayuna. Yo he ido varias veces y siempre acabo haciendo el mismo reparto: el primer día, el lado del castillo; el segundo, la Ciudad Vieja, el barrio judío y las vistas.
Seis paradas que sí compensan la caminata
- Castillo de Praga y catedral de San Vito: es el mayor complejo de este tipo que verás en Europa y tarda más de lo que uno calcula. Llega a primera hora, cuando los grupos organizados aún no han subido, y entra en la catedral antes de pasear por los patios.
- Biblioteca del monasterio de Strahov: está a un paseo cuesta abajo desde el castillo y casi nadie la incluye. Sus salas barrocas, con los techos pintados y los libros hasta arriba, se ven desde la entrada, y con eso basta para quedarse con la boca abierta.
- Malá Strana: las callejuelas que bajan del castillo hacia el río. Piérdete sin mapa un rato; las iglesias barrocas y las fachadas de colores aparecen solas.
- Puente de Carlos: a las nueve de la mañana es un puente; a las doce es una cola. Si madrugas, cruzarlo con la niebla del Moldava todavía tiene algo de película antigua.
- Plaza de la Ciudad Vieja y reloj astronómico: el Orloj marca la hora con un desfile de figuras que, siendo sinceros, dura poco y decepciona a muchos. Lo mejor de la plaza es mirar las casas de alrededor y subir a la torre del ayuntamiento para ver el conjunto desde arriba.
- Josefov: el antiguo barrio judío, con sinagogas y su cementerio, donde las lápidas se amontonan unas sobre otras. Es de lo más impactante de la ciudad y conviene verlo sin prisa, aunque vayas contrarreloj.
Qué hacer cuando los museos te han cansado
Coge el tranvía 22, que sube hacia el castillo y atraviesa media ciudad vieja. Sale más barato que cualquier excursión y te enseña más calles de las que pisarías andando. Si te sobra media hora, el Muro de John Lennon está en Malá Strana, con sus grafitis siempre cambiando, y la colina de Petřín tiene un mirador con una torre que recuerda a la Eiffel en pequeño.
Para el atardecer del primer día, súbete al parque de Letná. Hay un biergarten con vistas a los puentes y al río, vasos de plástico y gente local con la cerveza en la mano, que es justo lo que uno busca después de ocho horas de pie. El segundo día, reserva el último rato para Vyšehrad, una fortaleza sobre el río con jardines y pocos turistas.
Comer y beber sin caer en la trampa
La cocina checa es contundente. El svíčková (carne de ternera con salsa cremosa de verduras y albóndigas de pan) es el plato que mejor la resume. El guláš con knedlíky es más sencillo y siempre cumple. Si andas con prisa, el smažený sýr, queso frito en rebozado con salsa tártara, te alimenta en diez minutos.
El trdelník que venden en cada esquina de la Ciudad Vieja no es checo de verdad, aunque huele de maravilla. Pruébalo si quieres, pero no lo cuentes como cultura local. La cerveza, en cambio, sí lo es: Pilsner Urquell, Kozel o Staropramen en una hospoda de barrio, y evita las terrazas de la plaza principal, donde la pinta se paga a precio de capital europea. Una cadena fiable para comer bien a precio razonable es Lokál, con cerveza tirada muy cuidada.
Dónde dormir según lo que quieras gastar
- Presupuesto ajustado: Žižkov. Es un barrio con mucho bar, una torre de televisión que se ve desde cualquier sitio y alojamientos más baratos, con metro y tranvía a mano.
- Calidad-precio: Vinohrady. Calles arboladas, cafeterías y restaurantes con ambiente local, a pocas paradas del centro. Es mi elección cuando viajo con tiempo justo.
- Para andar a todas partes: Nové Město, la Ciudad Nueva, bien comunicada y con la plaza de Wenceslao cerca, aunque algo más ruidosa por la noche.
- Si quieres el capricho: Malá Strana, al pie del castillo. Es precioso y caro, y por la tarde queda muy poca gente.
Del aeropuerto al centro sin complicaciones
El aeropuerto Václav Havel queda a las afueras. La opción más barata es el autobús 119 hasta la parada de metro Nádraží Veleslavín (línea A), y desde allí al centro en pocos minutos. También hay un autobús exprés, el AE, que te deja en la estación central, Hlavní nádraží. Si llegas tarde o cargado, un taxi pedido por aplicación te ahorra sustos; evita los que abordan en la terminal sin tarifa clara.
Lo que solo aprendes a base de ir
Paga siempre en coronas checas. Cuando el datáfono te ofrezca cobrar en euros o en tu moneda, di que no: esa conversión sale peor. Evita también las casas de cambio con carteles muy llamativos en el centro y los cajeros que no son de un banco. Y un truco de comer barato: muchas hospodas sirven un menú del mediodía entre semana, anunciado en una pizarra en la puerta, con sopa y plato fuerte a un precio mucho más bajo que el de la carta. Con dos días, es lo más práctico para comer bien y seguir caminando.
Foto: A.Savin · FAL · Wikimedia Commons


