- Pulsa «Ver vuelo y fechas»: se abre la búsqueda con estas fechas.
- Si el precio ha cambiado, prueba un día antes o después; suele haber fechas parecidas.
- Antes de pagar, revisa qué equipaje incluye la tarifa.
Si te apetece descubrir una capital europea poco habitual, Bucarest es una opción que merece la pena. Desde Gran Canaria encontramos un ida y vuelta con Ryanair por 125 €, unos 55 € menos de lo que suele costar esta ruta, así que el ahorro es considerable. El vuelo tiene una escala.
Las fechas que hemos encontrado son de ida el 12 de noviembre de 2026 y vuelta el 21 de noviembre de 2026, con nueve días para moverte por la ciudad. Ten en cuenta que los precios de las aerolíneas cambian con frecuencia, así que el importe puede variar. Lo mejor es comprobarlo al pulsar el botón de abajo, que te llevará directamente a las fechas y al precio actualizado.
Como consejo: si ves una tarifa que te encaja, no le des demasiadas vueltas. Los chollos de este tipo suelen durar poco y se agotan rápido, sobre todo en fechas concretas.
Una vez allí, te recomendamos empezar por el Palacio del Parlamento, uno de los edificios administrativos más grandes del mundo y una visita imprescindible. Después, pierdete por el centro histórico, con sus calles llenas de cafés, terrazas y restaurantes, en la zona de Lipscani. Y si buscas un plan más tranquilo, el Parque Herăstrău es ideal para pasear, sobre todo si te gusta la naturaleza.
Qué ver en Bucarest si llueve o hace frío: plan B bajo techo
Un día de lluvia en Bucarest tampoco es tan malo
Bucarest en noviembre o en pleno enero tiene un gris muy particular: cielo bajo, aceras mojadas y los bloques de la época comunista sin nada que los disimule. Aun así, es una ciudad con mucho interior que merece la pena, y lo mejor es que casi todo está a pocas paradas de metro unos de otros. Esto es lo que yo haría con el paraguas roto.
Siete sitios cubiertos para aprovechar la mañana
El Palacio del Parlamento, por dentro
Por fuera impresiona y por dentro abruma: mármol, alfombras del tamaño de una pista de baloncesto y lámparas que pesan toneladas. Solo se entra con visita guiada y llevando el pasaporte, así que reserva con antelación. Con mal tiempo es la mejor manera de entender la megalomanía de Ceaușescu sin congelarte en la explanada.
Museo Nacional del Campesino Rumano
Está cerca de Piața Victoriei y es mi favorito de la ciudad. Hay trajes, alfombras, cerámica, iconos y una colección de objetos populares muy bien montada. Incluye una sala sobre cómo el régimen trató el mundo rural, que da bastante que pensar.
Museo Nacional de Arte, en el antiguo Palacio Real
Da a la Piața Revoluției, donde empezó la caída del régimen en 1989. Dentro encontrarás arte medieval rumano y una galería europea correcta, y es un sitio tranquilo para pasar un par de horas sin agobios de gente.
Museo Antipa
Es un museo de historia natural muy cuidado, con dioramas, esqueletos y animales disecados. Funciona de maravilla si viajas con niños y llueve a mares, pero también tiene su aquel para adultos.
El Ateneo Rumano
Aunque solo lo mires desde dentro de la sala, la cúpula y los frescos circulares merecen el rato. Si coincide con un concierto de la Filarmónica George Enescu, aprovecha: es una de las mejores formas de pasar una tarde fría en la ciudad.
Pasajul Villacrosse
Es un pasaje cubierto con techo de cristal amarillento que sale de la Calea Victoriei. Tiene bares, cafeterías y un ambiente algo destartalado que le favorece. Con lluvia suena fenomenal el agua sobre el cristal mientras tomas algo caliente.
Cărturești Carusel
Es una librería de varios pisos en la calle Lipscani, en pleno casco viejo, con galerías blancas y escaleras. Arriba tiene café. Hay buena sección en inglés, y como parada de media hora para entrar en calor funciona muy bien.
Qué hacer cuando ya has visto lo cubierto
Cerca del casco viejo, la pequeña iglesia de Stavropoleos es un oasis de patio de piedra y música ortodoxa; entras por curiosidad y sales más tranquilo. Si quieres un plan largo, Therme București, un gran complejo de piscinas calientes y toboganes a las afueras, hacia el norte, es lo más parecido a una escapada al trópico. No es barato comparado con el resto de la ciudad, pero en febrero tiene todo el sentido. Y para moverte entre museos, el metro (con paradas como Piața Victoriei, Universitate o Piața Unirii) es rápido y evita mojarte.
Dónde comer y qué pedir para entrar en calor
La cocina rumana está hecha para el frío. Empieza por una ciorbă de burtă (sopa de callos con nata y ajo) o una ciorbă de perișoare, más ligera, con albóndigas y un toque ácido. Sigue con sarmale, rollitos de col rellenos de carne con mămăligă, y cierra con papanași, unas rosquillas fritas de queso con nata agria y mermelada que son la bomba calórica que necesitas.
Para un ambiente de cervecería clásica, Caru' cu Bere, en la calle Stavropoleos, tiene techos pintados y mucha vida. Es turístico, sí, pero la comida cumple. Otra opción es Hanul lui Manuc, una antigua posada con patio interior que, aunque no esté en su mejor momento, es muy fotogénica.
Dónde dormir según el bolsillo
- Presupuesto ajustado: la zona de Gara de Nord tiene hostales baratos y metro directo al centro. De noche no es la más agradable, pero para dormir cumple.
- Término medio: Piața Romană y Universitate son céntricos, con buena conexión de metro y cafés a mano. Es la mejor base si el tiempo va a ser malo.
- Más caprichos: Dorobanți y Floreasca, barrios residenciales con restaurantes bien puestos, algo más alejados del casco viejo pero muy cómodos.
Del aeropuerto al centro sin pasar frío
El aeropuerto Henri Coandă (Otopeni) está al norte de la ciudad. Hay tren directo a Gara de Nord, y desde allí conectas con el metro. También sale el autobús 780 hacia Piața Unirii. Si llegas tarde o con mala meteorología, lo más cómodo son Bolt o Uber desde la zona oficial, que además evita regateos con los taxis sin marcar.
Un consejo que solo sabe quien ha ido
Muchos museos cierran uno o dos días por semana, normalmente lunes o martes, y no te avisan en la puerta. Antes de salir, comprueba lo que quieres ver ese día. Y lleva calzado con suela buena: los adoquines del casco viejo y las baldosas mojadas de la Calea Victoriei resbalan más de lo que parece.
Foto: Diego Delso · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons


