- Pulsa «Ver vuelo y fechas»: se abre la búsqueda con estas fechas.
- Si el precio ha cambiado, prueba un día antes o después; suele haber fechas parecidas.
- Antes de pagar, revisa qué equipaje incluye la tarifa.
Gratis: un bolso de 40×30×20 cm bajo el asiento. La maleta de cabina (55×40×20 cm) cuesta 10-59 €. Revisa tu tarifa antes de pagar. Comparar aerolíneas · fuente: Ulysse News, 11 feb 2026
Bruselas está a un vuelo directo desde Málaga y, esta vez, lo tienes por 54 € ida y vuelta con Vueling. Es un precio un 40% más bajo que lo que suele costar este trayecto (unos 90 €), así que merece la pena echarle un ojo.
Las fechas que hemos encontrado son la ida el 24 de enero de 2027 y la vuelta el 27 de enero de 2027, sin escalas. Son tres días perfectos para escaparte en pleno invierno, cuando la ciudad está más tranquila y los precios de alojamiento suelen ser más razonables.
Eso sí, los precios de vuelos cambian constantemente y este puede subir en cuestión de horas, así que si te interesa, no te lo pienses demasiado. El precio se confirma al pulsar el botón de reserva, donde podrás comprobar las fechas y la oferta actualizada.
Si llegas a Bruselas, pasea por la Grand Place, una de las plazas más bonitas de Europa. Después, prueba los gofres y el chocolate belga en alguna de sus chocolaterías del centro. Y, si te quedas con ganas de más, acércate al Atomium, el famoso monumento de la ciudad.
Bruselas de noche con amigos: bares, cerveza y mucha calle
Una ciudad que sale de noche sin hacer ruido
Bruselas no tiene fama de ciudad de fiesta y eso juega a su favor. No hay hordas de despedidas de soltero ni discotecas con portero que te mira de arriba abajo. Lo que hay son cafés viejos con luz amarilla, plazas con terraza y una carta de cervezas que da para un grupo entero durante una semana. Con amigos, la noche se improvisa de bar en bar, andando.
Siete sitios para calentar motores
- Place Saint-Géry: el punto de arranque clásico, con terrazas pegadas unas a otras y público mezclado entre jóvenes locales y gente de paso. Funciona bien para quedar antes de decidir adónde ir.
- À la Mort Subite: un café de principios del siglo XX, con espejos y mesas largas, a un paso de las Galeries Royales Saint-Hubert. Pide una gueuze o una kriek. Los camareros van con prisa pero te tratan bien.
- Cantillon: una cervecería-museo en Anderlecht donde todavía se elaboran lambics. Es plan de tarde, para ir antes de la juerga y entender por qué esa cerveza ácida sabe como sabe. Te dan una cata al final.
- Rue du Marché au Charbon: calle de bares con mucho ambiente LGTBI y abierta a todo el mundo. Es una de las más animadas del centro cuando cae la noche.
- Place Luxembourg: frente al Parlamento Europeo, con funcionarios, becarios y estudiantes tomando algo en la calle. Los jueves por la tarde-noche suele estar a reventar.
- Place Flagey, en Ixelles: junto a los estanques, con cafés y un ambiente más relajado y local. Va bien para empezar con calma o para una última ronda lejos del centro turístico.
- Parvis de Saint-Gilles: plaza con terrazas y bares de barrio, mucha gente joven y precios algo más suaves que alrededor de la Grand Place.
Qué hacer cuando ya has cenado
La mejor idea es no tener plan fijo y dejar que la calle decida. Aun así, conviene llevar alguna carta en la manga. Si el grupo quiere música electrónica, Fuse, cerca de las Marolles, es el club de techno de siempre. Si prefieres conciertos, hay muchas salas pequeñas repartidas por el centro y por Ixelles, y mirar la programación del mismo día suele dar mejor resultado que buscar con semanas de antelación.
Otra opción barata es montar una ruta por cafés de cerveza. Pedid algo distinto en cada uno: una trapense, una cerveza de frutas, una blanca. Cada marca tiene su vaso, y verlo servir ya forma parte del espectáculo. Un apunte importante: muchas cervezas belgas pasan de los 8 grados y entran mucho más suaves de lo que pegan. A la tercera ronda, mejor pedir agua.
Comer antes y después de beber
Para cenar en grupo, lo más práctico son los platos grandes de compartir. Unos mejillones con patatas fritas en una brasserie, una carbonnade flamande (carne estofada con cerveza) o las croquetas de gamba, que aquí se piden casi como entrante obligatorio. Evita las terrazas de la Rue des Bouchers, junto a la Grand Place, donde te asaltan para que entres y la calidad suele ser floja para lo que cobran.
De madrugada, lo que manda es la fritería. Un cucurucho de patatas con salsa, a elegir entre mayonesa, andalouse o samurai, es el final de noche más belga que hay. Las de Place Jourdan, en el barrio europeo, tienen fama merecida. Si queda hueco, los gofres de Lieja, más densos y caramelizados que los de Bruselas, son una buena última parada.
Dónde dormir según cuánto quieras gastar
Si buscas ahorrar, los albergues y hoteles sencillos cerca de Gare Centrale te dejan en el corazón de todo y a pie de cualquier bar. Alrededor de las estaciones del Norte y del Midi hay opciones más baratas, pero de noche conviene ir con algo de cabeza y volver en grupo.
Con presupuesto medio, el barrio de Sainte-Catherine y Dansaert es lo más cómodo: restaurantes, bares y el centro a diez minutos andando. Si prefieres algo más tranquilo sin quedarte aislado, Ixelles o Saint-Gilles funcionan bien, con apartamentos que salen rentables entre cuatro o cinco personas y buena conexión en tranvía.
Del aeropuerto a la cama
El aeropuerto de Bruselas-Zaventem está conectado por tren con las estaciones de Bruxelles-Nord, Central y Midi en unos veinte minutos aproximadamente. Es la forma más rápida y fiable de llegar al centro. También hay autobuses urbanos que enlazan con el barrio europeo, útiles si te alojas por esa zona. Si llegas a Charleroi, el otro aeropuerto de la capital, hay autobús directo hasta Bruxelles-Midi, aunque cuenta con más de una hora de trayecto.
Para volver por la noche, el metro cierra pronto, sobre las doce y pico. Los fines de semana funcionan los autobuses nocturnos Noctis, aunque con menos frecuencia. Con tres o cuatro personas, un taxi o un coche con conductor sale casi igual de barato y evita esperar de pie en una parada.
Lo que nadie te cuenta antes de ir
El Delirium Café, en la Impasse de la Fidélité, tiene miles de referencias y una cola larga en cuanto anochece. Se puede ir, pero sin mucha ilusión. La alternativa es el Poechenellekelder, justo enfrente del Manneken Pis: más pequeño, más oscuro, lleno de marionetas colgadas del techo y con una carta casi tan buena. Allí sí se habla sin gritar.
Y una cosa más: en Bruselas la noche empieza tarde de verdad. Hasta las diez, muchos locales están medio vacíos, y los sitios con más ambiente se llenan pasada la medianoche. No hace falta agotarse a las nueve; conviene guardar fuerzas.
Foto: Trougnouf (Benoit Brummer) · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons


