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- Si el precio ha cambiado, prueba un día antes o después; suele haber fechas parecidas.
- Antes de pagar, revisa qué equipaje incluye la tarifa.
Si te apetece una escapada a Bélgica sin gastarte un dineral, este chollo es para ti. Encontramos vuelos ida y vuelta de Málaga a Bruselas por 61 € con Ryanair, sin escalas, y con salida el 13 de enero de 2027 y regreso el 20 de enero.
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Nuestro consejo: si te convence, no le des demasiadas vueltas. Los chollos de este tipo suelen durar poco, así que si ves que las fechas te encajan, mejor reservar cuanto antes.
Una vez allí, Bruselas se recorre bien en pocos días. Puedes perderte por la Grand-Place, una de las plazas más bonitas de Europa, y de paso probar los famosos chocolates y unos buenos gofres. Otra opción es acercarte al Atomium, la gran estructura metálica de la ciudad, o pasear por el barrio de Ixelles y sus tiendas independientes.
Y para completar el viaje, no te pierdas los murales de cómic repartidos por el centro, un guiño a la historia de la ciudad y a sus personajes más queridos.
Qué ver en Bruselas en 48 horas: ruta a buen paso y sin agobios
Dos días, un mapa pequeño y zapatillas cómodas
Bruselas se ve entera en dos días si aceptas una norma: no entrar en todo. El centro cabe en un pañuelo, así que la clave es agrupar bien y reservar el metro o el tranvía para los dos sitios que quedan lejos. Esta es la ruta que haría con un amigo que me dijera que solo tiene un fin de semana.
Primer día: del Mont des Arts a las Marolles
Empieza temprano en el Mont des Arts, una escalinata con jardines desde la que ves los tejados del centro y la torre del ayuntamiento. A las nueve de la mañana está casi vacío, y a mediodía ya no. Bajando hacia la Grand-Place pasa por ella sin detenerte demasiado, con una foto basta, y cruza las Galeries Royales Saint-Hubert. Son galerías cubiertas del siglo XIX, con tiendas de chocolate y guantes que no vas a comprar, pero merece la pena mirarlas.
Sube después hacia el Sablon, la zona de anticuarios, con la iglesia de Notre-Dame au Sablon y las chocolaterías más finas. Si te pilla en fin de semana, hay mercadillo de antigüedades. De ahí sigue hasta la Place Poelaert, delante del gigantesco Palais de Justice. La parte buena es que en ese punto arranca un ascensor público gratuito que baja al barrio de las Marolles, y la bajada ya es un plan en sí misma.
Las Marolles son el Bruselas más popular y menos pulido, con tiendas de segunda mano, bares sin pretensiones y, en la Place du Jeu de Balle, un mercadillo de cosas viejas que funciona por las mañanas. Si te queda tiempo, el Musée Magritte, dentro de los Museos Reales de Bellas Artes, es la mejor opción para una tarde nublada. Comprueba el día de cierre antes de ir, porque muchos museos de la ciudad cierran los lunes.
Para acabar el día, ve hacia la zona de Saint-Géry y la antigua Bolsa. Hay terrazas, bares de cerveza y mucha gente joven, y se cena fácil sin reservar.
Segundo día: Cinquantenaire, cómics y Atomium
Dedica la mañana al parque del Cinquantenaire, con su gran arco triunfal y los museos alrededor. Es un buen sitio para ver el barrio europeo, que está justo al lado y se nota en los trajes y las acreditaciones colgadas del cuello. Si te interesa la política europea, el Parlamentarium es una visita gratuita y bastante clara, pero no hace falta si prefieres pasear.
A mediodía vuelve al centro para buscar los murales de cómic. Hay decenas repartidas por calles y callejones, con Tintín, Lucky Luke y los Pitufos. Lo mejor es no seguir un mapa al detalle y mirar hacia arriba cuando doblas una esquina.
La última tarde es para el Atomium, al que se llega en metro con la línea 6 hasta Heysel. Es un símbolo de la ciudad, y por dentro es más bien una exposición con vistas, pero el edificio sigue impresionando. Yo lo dejaría para el atardecer, cuando la luz sobre las esferas de metal mejora mucho.
Qué comer y beber entre prisas
Las frites se toman de pie y con salsa: mayonesa, o una andaluza si quieres probar algo distinto. La Maison Antoine, en la Place Jourdan, tiene fama y cola, pero la cola avanza rápido. Para una comida sentada, pide carbonnade flamande, un guiso de ternera cocido con cerveza, o waterzooi, un caldo cremoso de pollo o pescado. Los mejillones con patatas son de temporada, así que pregunta antes si es verano.
De gofre, el de Bruselas es rectangular y ligero, y el de Lieja es más denso y dulce. Elige el que prefieras, pero no el que lleve un montón de nata encima. En bares, À la Mort Subite, cerca de las galerías Saint-Hubert, tiene mucho ambiente y es un buen sitio para probar una gueuze sin complicaciones.
Dónde dormir según el bolsillo
- Ajustado: alrededor de la estación de Midi hay hoteles y hostales baratos, aunque el entorno no es el más agradable de noche. Está bien comunicado, pero llega con la cabeza fría.
- Medio: la zona de Saint-Géry y la Bolsa te deja a pie de todo. Hay ruido por las noches, pero es lo más práctico para dos días.
- Más tranquilo: en Ixelles, hacia Châtelain o Flagey, tienes cafés y restaurantes locales, y llegas al centro en tranvía o a pie en poco tiempo.
Del aeropuerto a la ciudad
Desde el aeropuerto de Bruselas-Zaventem sale un tren directo a las estaciones de Nord, Central y Midi en unos veinte minutos, y es lo más cómodo y rápido. Bruxelles-Central te deja a diez minutos andando de la Grand-Place. Si llegas a Charleroi, hay autobuses hasta la estación de Midi, con un trayecto bastante más largo que en tren desde Zaventem.
El consejo de quien ha ido y ha acabado agotado
Bruselas tiene muchas cuestas, y el centro lleva dentro un desnivel que no se aprecia en el mapa. Haz el recorrido de arriba abajo: Mont des Arts, Sablon, Palais de Justice y ascensor hacia las Marolles. Así la ciudad se te hace mucho más fácil. Y si pides agua en un bar, di une carafe d'eau, que casi siempre te la traen gratis.
Foto: Trougnouf (Benoit Brummer) · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons


