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Ojo a este chollo: hemos encontrado un vuelo directo de Málaga a Copenhague por 67 € ida y vuelta, con Norwegian Air Sweden. Es un 33 % más barato que el precio habitual de esta ruta, que ronda los 100 €.
Las fechas son del 2 al 4 de diciembre de 2026: salida el día 2 y regreso el día 4. Es una escapada corta, perfecta para un fin de semana largo sin complicarte con escalas, ya que el trayecto es sin escalas.
Te damos un consejo: los precios de los vuelos cambian con mucha frecuencia y las ofertas duran poco. Si te interesa, no lo dejes para más tarde. Recuerda que el precio puede variar y que lo que se confirma es el que aparezca al pulsar el botón.
Cuando estés allí, puedes pasear por Nyhavn, el canal de casas de colores que es postal de la ciudad. En diciembre, el ambiente navideño se nota en muchas calles, así que merece la pena recorrer el centro sin prisa. También puedes acercarte al barrio de Christianshavn o pasear por Strøget, la calle peatonal más larga del centro.
Excursiones desde Copenhague: naturaleza y costa en un día
Bosques, castillos y mar a menos de una hora del centro
Copenhague es plana, pequeña y está pegada al agua, así que salir de ella es sencillo. Con un billete de tren y una chaqueta cortavientos puedes estar entre ciervos, frente a un castillo o delante de un acantilado de tiza sin complicarte la vida. Esto es lo que yo haría con tres o cuatro días en la ciudad y ganas de aire libre.
Seis sitios para salir de la ciudad
Dyrehaven, el bosque de los ciervos
Se llega en tren hasta Klampenborg y a los diez minutos ya caminas entre robles enormes y manadas de ciervos que van a lo suyo. Arriba, en lo alto del parque, está el Eremitageslottet, un pabellón de caza. La vuelta entera da para media mañana tranquila. Muy cerca está Bakken, un parque de atracciones antiguo y algo cutre en el mejor sentido, que funciona bien para cerrar la tarde.
Louisiana, arte con vistas a Suecia
El museo de arte moderno de Humlebæk es la excursión que mejor equilibra cultura y paisaje. Las salas se hunden en un jardín que baja hasta el Øresund, y mucha gente acaba tumbada en el césped mirando la costa sueca. Voy por las esculturas al aire libre más que por la colección, aunque la sala de Giacometti merece una pausa.
Helsingør y el castillo de Kronborg
Es el Elsinor de Hamlet, aunque Shakespeare nunca pisó el lugar. El castillo es robusto y está plantado en la punta del estrecho, con Suecia a un tiro de piedra al otro lado del agua. Después da gusto callejear por el casco viejo de Helsingør, con casas bajas de colores y pocos turistas.
Roskilde y su fiordo
Media hora en tren hacia el oeste. El Museo de los Barcos Vikingos está a orillas del fiordo y tiene más gracia por el sitio que por las vitrinas: ves las naves originales con el agua detrás. La catedral, Patrimonio de la Humanidad, queda a un paseo y alberga las tumbas de buena parte de la realeza danesa.
Dragør, el pueblo pesquero de Amager
Es la excursión más fácil, porque está en el extremo sur de la isla de Amager, cerca del aeropuerto. Calles empedradas, casas amarillas con tejados de teja y rosales en las fachadas. Hay que ir con calma, sin prisa por ver nada concreto, y rematar el paseo en el puerto.
Møns Klint, para los que quieren más
Son acantilados blancos de tiza sobre el Báltico, a una distancia que ya pide madrugar y calcular bien los transbordos. Merece la pena si el tiempo acompaña: bajas por una escalera larga hasta una playa de guijarros con el bosque de hayas a la espalda. Con lluvia o niebla, mejor déjalo para otra visita.
Qué hacer cuando ya has visto lo básico
Date un baño, si eres valiente, en Kastrup Søbad, esa plataforma circular de madera sobre el mar en Amager. En invierno hay gente que se mete con sauna incluida y no parece sufrir. En verano también funcionan los baños del puerto, como los de Islands Brygge. Si prefieres pedalear, la costa norte se recorre bien en bici junto al agua, con trenes cerca por si el viento se pone en contra.
Comer en ruta sin gastarte una fortuna
La opción sensata es hacer un picnic. Compra pan de centeno, algo de pescado en conserva o embutido y fruta en cualquier supermercado de barrio antes de salir. Si prefieres sentarte, un buen smørrebrød en Torvehallerne, junto a Nørreport, es un desayuno largo que aguanta toda la mañana. En Louisiana hay un café con terraza sobre el estrecho que está mejor de lo que cabría esperar de un museo. Y en cualquier quiosco, un perrito caliente danés, con su pepinillo y su cebolla crujiente, resuelve la tarde.
Dónde dormir según lo que quieras gastar
- Presupuesto ajustado: Vesterbro, cerca de la estación central. Hay albergues, mucho ambiente por la noche y trenes a cinco minutos andando.
- Presupuesto medio: Nørrebro, más de barrio, con cafeterías, tiendas pequeñas y metro y bus a mano.
- Si puedes gastar más: Østerbro, tranquilo y verde, con la estación de Østerport desde donde salen los trenes de la costa norte.
Del aeropuerto al centro
El metro M2 sale de la terminal y te deja en el centro en un cuarto de hora. Funciona de día y de noche, y es lo más cómodo para llegar a Nørreport o Kongens Nytorv. También hay trenes hasta la estación central. Antes de bajar al centro, comprueba si te conviene un tren con parada en Østerport, ya que desde allí cogerás los que van hacia el norte.
Lo que nadie te cuenta antes de ir
Llega pronto a Dyrehaven. A las ocho de la mañana el bosque es otro: niebla baja, casi nadie y los ciervos a pocos metros. Y lleva siempre chaqueta, aunque sea julio, porque el viento del estrecho se te mete por todas partes. Compra el billete por zonas antes de subir al tren, porque en las estaciones no hay torniquetes y los revisores aparecen cuando menos lo esperas.
Foto: Moahim · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons


