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Si tienes ganas de escaparte a Bruselas sin gastarte un dineral, este chollo puede interesarte. Encontramos un vuelo de ida y vuelta desde Palma de Mallorca con Ryanair, sin escalas, por 59 €. Su precio habitual ronda los 90 €, así que el ahorro es de un 34 %.
Las fechas que hemos encontrado son la ida el 15 de enero de 2027 y la vuelta el 18 de enero de 2027, es decir, tres días para descubrir la capital belga en pleno invierno. Es una época tranquila, ideal para recorrer el centro sin prisas.
Eso sí, los precios de las aerolíneas cambian constantemente, así que si te gusta la oferta, no te lo pienses demasiado. El precio puede variar y se comprueba al pulsar el botón de la oferta, donde verás la disponibilidad actual.
Cuando estés allí, no te pierdas la Grand-Place, una de las plazas más bonitas de Europa, sobre todo si te acercas al atardecer. Otra parada imprescindible es el Atomium, un monumento muy fotogénico a las afueras del centro. Y, por supuesto, prueba los gofres y el chocolate belga en alguna de sus pastelerías de siempre.
Bruselas con historia sin museos: calles, muros y capillas
La Bruselas que se aprende caminando
Bruselas tiene museos buenísimos, pero la ciudad cuenta más cosas en la calle, y gratis. Basta mirar hacia arriba en una esquina cualquiera: una fachada modernista, un trozo de muralla medieval pegado a un edificio de oficinas, una iglesia que nadie nombra en las guías. Esta ruta la he hecho varias veces y casi siempre acabo en el mismo sitio, con una cerveza en la mano y los pies cansados.
Siete sitios donde la historia se toca
Palacio de Justicia y plaza Poelaert
Es el edificio más grande construido en el siglo XIX en Europa, y se nota. Leopoldo II quiso impresionar y el arquitecto Joseph Poelaert se pasó de rosca. Desde la plaza de delante hay una vista muy buena de la ciudad baja. Casi siempre lleva andamios, hasta el punto de que ya forman parte del paisaje.
Les Marolles y la plaza del Jeu de Balle
Bajas del Palacio de Justicia por el ascensor público, que es gratis, y aterrizas en el barrio obrero de toda la vida. Aquí se habla todavía el brusseleer, el dialecto local. En la plaza del Jeu de Balle hay mercadillo de trastos por las mañanas. Ve temprano, porque a mediodía ya ha mermado bastante.
Catedral de San Miguel y Santa Gúdula
Es el templo gótico donde se casaron y se coronaron buena parte de los protagonistas de la historia belga. Se ve mejor desde la escalinata lateral, con la luz de la tarde. Por dentro es amplia y fresca, y casi nunca hay cola.
Los restos de la primera muralla
Cuesta creer que alguien dejara una torre del siglo XIII entre edificios modernos, pero ahí está la Torre Negra, cerca de la iglesia de Sainte-Catherine, medio escondida. Un poco más lejos, la Puerta de Hal es lo único que queda en pie de la segunda muralla y parece un castillito de cuento colocado en mitad del tráfico.
Art Nouveau en Ixelles y Saint-Gilles
Víctor Horta y compañía dejaron aquí casas con balcones de hierro retorcido, vidrieras y portales que parecen plantas. No hace falta entrar en ninguna. Callejea por estos dos barrios con la cabeza levantada y encontrarás fachadas preciosas casi en cada manzana, sin cartel ni turistas.
Galerías Reales de Saint-Hubert
Inauguradas a mediados del siglo XIX, fueron de las primeras galerías cubiertas de Europa. Hoy tienen chocolaterías, librerías y cafés. Lo mejor es cruzarlas a primera hora, cuando aún están vacías y suena el eco de las persianas al subir.
Atomium y la huella de 1958
Se construyó para la Exposición Universal de 1958 y debía durar seis meses. Se quedó porque a los belgas les cayó en gracia. Está algo alejado del centro, así que súbete a un tranvía o al metro y piensa que estás visitando un monumento al optimismo de posguerra.
Qué hacer para entender la ciudad
Busca los murales de cómic repartidos por el centro: Tintín, Lucky Luke y compañía en medianeras de calles que no esperarías. Hay un recorrido señalizado, pero es más divertido tropezar con ellos. Otra opción es sentarte un rato en la plaza del Gran Sablon, donde los anticuarios cierran tarde y los sábados hay mercado, o pasear por el barrio europeo hasta la plaza de Luxemburgo, donde los funcionarios toman cervezas después del trabajo. Se aprende más de la política actual ahí que en cualquier sala.
Dónde comer y qué pedir
- Carbonade flamande: estofado de carne cocinado con cerveza, con patatas. Pídelo en una taberna tradicional, no en las terrazas de la Grand Place.
- Moules-frites: mejor en temporada, de septiembre a febrero aproximadamente, cuando los mejillones están en su punto.
- Stoemp: puré de patata con verduras, casero y contundente, casi siempre con salchicha.
- Gofre de Bruselas: el rectangular, ligero, con azúcar glas. El de Lieja es más denso y dulce; ambos son buenos, pero no son lo mismo.
- Gueuze: cerveza ácida típica de la zona. Pruébala en Mort Subite, cerca de las Galerías Saint-Hubert, un café de espejos y madera que sigue como hace décadas.
Para unas patatas fritas de las buenas, busca un puesto de frites con cola de gente local, aunque sea en una plaza cualquiera. Si hay cola, merece la pena.
En qué barrio dormir según el bolsillo
Si quieres gastar poco, mira por la zona de la estación de Bruxelles-Central o alrededor de Sainte-Catherine, donde hay albergues y hoteles sencillos y todo queda a pie. Para un presupuesto medio, Ixelles (cerca de Flagey o de la avenida Louise) es un acierto: tiene bares, mercados y buena conexión. Saint-Gilles es más relajado y tiene mucha vida de barrio. Si te sobra algo de presupuesto, duerme cerca del Gran Sablon o del Parc de Bruxelles: tendrás las calles más tranquilas por la noche. Evitaría los alrededores de la estación del Midi si llegas tarde, porque a ciertas horas el ambiente es menos agradable.
Del aeropuerto al centro
Desde el aeropuerto de Bruselas-Zaventem hay trenes directos a las estaciones de Bruxelles-Nord, Central y Midi en unos veinte minutos. Es lo más rápido, y la estación Central deja en pleno centro. También hay autobuses, pero el tren gana. Si aterrizas en Charleroi, hay autobuses hasta Bruxelles-Midi que tardan algo más de una hora, así que cuenta con ello.
El consejo de quien ha ido
Lleva paraguas plegable o chubasquero fino aunque haga sol al salir: en Bruselas el cielo cambia tres veces al día. Y no te empeñes en ver las atracciones en orden. Muchas de estas paradas están a diez minutos andando unas de otras, así que haz un recorrido en bucle, entra en cualquier café cuando llueva y reanuda la ruta al escampar.
Foto: Trougnouf (Benoit Brummer) · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons


